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El agujero del diablo

Es probable que hayas pasado más de una vez frente al templo de San Francisco, sin saber que en su interior se dio una batalla de fe entre un seminarista y el mismísimo demonio.

Se dice que en el antiguo Querétaro, en el que fuera el convento de San Francisco, hoy mejor conocido como el Museo Regional de Querétaro, un joven seminarista se vio en la necesidad de enfrentarse con el diablo.

Nuestra historia inicia cuando un hombre que buscaba convertirse en sacerdote, y que vivía en aquel convento, comenzó a sentir una maligna presencia que lo seguía todas partes.

El joven era uno de los estudiantes más destacados, poseía una fe inquebrantable y era una muy buena persona.

Sin embargo, una mañana al salir de misa el seminarista volvió a sentir aquella presencia, al mirar a quienes salían del recinto se percató de una hermosa mujer que no le quitaba la mirada de encima. Aunque le pareció un tanto extraño, el joven no le dio importancia, pues se había consagrado a Dios y no traicionaría sus votos por ningún motivo.

Los días pasaban y la misma historia se repetía a diario, la misma mujer siempre esperaba al joven a la salida de misa, a quien no dejaba de ver de manera perturbadora.

El joven preocupado acudió con su confesor en búsqueda de consejo, el presbítero lo escuchó atento y al finalizar le aseguró que aquella mujer que siempre lo esperaba afuera de la iglesia no era otra más que el mismo demonio, y que seguramente buscaba tentarlo y alejarlo de Dios.

Ante tal panorama, el joven seminarista decidió no ir a misa al día siguiente y en cambio se quedó rezando en su habitación.

El día transcurrió como de costumbre, sin nada extraño, pero al caer la noche el joven empezó a escuchar algunos ruidos provenientes de la pared de su habitación. Al voltear a donde se escuchaba aquel sonido, el seminarista miró con horror como la silueta de la mujer que lo había estado acosando se desprendía de los muros poco a poco para después transformarse en un demonio.

El seminarista intentó salir de la habitación, pero la puerta había sido bloqueada, por lo que tomó su rosario y reanudó sus oraciones en voz alta, y a gritos pidió la ayuda de Dios.

Sus compañeros al escucharlo gritar, se percataron del peligro que los asechaba e intentaron ingresar a la habitación, que se mantenía sellada. Desde afuera los padres y seminaristas rezaron y rezaron, por la salvación del joven.

Después de lo que parecieron horas, se escuchó una tremenda explosión Y finalmente se abrió la puerta de la habitación. Cuando el humo se disipó los presentes se percataron de qué en el techo de la misma había un enorme agujero por el que el maligno aparentemente había escapado.

Desde aquel día a este lugar se le conoce como el Agujero del Diablo. Diablo.