Aunque la gente no lo crea el cacahuate japonés es mexicano. En 1945, Yoshigei Nakatani lo creó en un taller del mercado de La Merced.

Entre 1950 y 1975 los clientes de Nipón fueron mayoristas de La Merced y la Central de Abastos, lo que permitió que el negocio pasara de ser un taller a una empresa registrada en 1975 y una marca para el cacahuate en 1977, pero el producto y el proceso para elaborarlo nunca se patentaron.

El mercado del cacahuate japonés explotó en 1980. Otras marcas salieron al paso mientras Nipón empezaba a satisfacer la demanda de las tiendas de autoservicio y las maquilas; Nipón comenzó a perder terreno, al grado de ocupar actualmente el tercer lugar de ventas en México, después de empresas como Sabritas y Barcel.

“La ventaja competitiva de Sabritas y Barcel es la distribución”, admite

Para alcanzarla, arguye Nakatani, las marcas de la competencia han tenido que ofrecer sus botanas a bajo costo, precio que ella no está dispuesta a pagar pues afecta la calidad de los cacahuates que creó su abuelo.

“El sector popular es un mercado contra el que no podemos competir porque nuestra prioridad es la calidad y para eso no podemos ofrecer los precios a los que salen las mil marcas patito. Nipón es una marca premium, su sabor es inconfundible, los otros son sin sabor”, asegura la empresaria en entrevista.

El secreto en el método de fabricación del cacahuate japonés original, el de Nipón es frágil.

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